miércoles, 27 de noviembre de 2013

Consumo saludable, responsable y en perolilla de barro.

Uno de los objetivos que nos propusimos este verano para el nuevo curso, fue mejorar los hábitos de consumo: aumentar la compra de productos bio, reducir los envases, intentar que lo que llegue a casa pase por el menor número de intermediarios posibles, que su procedencia sea tan cercana como se pueda, comprar en pequeño comercio, consumir productos de temporada, reducir la proteína animal en la dieta... no sé si me dejo algo... e intentar que los hábitos diarios estén en coherencia con todo esto... ahí es nada :) Todo este estilo de consumo requiere de una mayor organización (no se puede improvisar) y aumenta el gasto (económico) un pico, pero creemos que merece mucho la pena, y en eso estamos.

Nuestras motivaciones supongo que son las mismas que las de cualquiera que se interese por éstos productos: por salud "somos lo que comemos" y por respeto al medio ambiente, ya vale de dar la espalda al "Señor Mundo". También creo que es una buena forma de transmitir a los bichejos valores que contrarresten con otros que imperan, casi de un modo agresivo, en  nuestra sociedad.

Para ello nos hemos unido a un "grupo de consumo" del barrio y hemos empezado a frecuentar suministradores de frutas, verduras, aceites, huevos, cereales etc. ecológicos, que garantizan la ausencia de químicos en sus productos y la protección del medio ambiente en su elaboración.

Y para celebrar nuestro retoque de loock consumista nos hemos traído a casa este aliado :)


No tiene cables, ni botones, ni nada que se le parezca, pero tiene  garantía de buen rollo :)
Las vendía biocultura  un alfarero de Pereruela por 20€, se puede poner sobre la vitro y yo estoy encantada. La compramos con la idea de que cocinar en ella será más saludable (porque las sustancias que despiden los metales en la cocción no tienen garantías de inocuidad) pero también con una idea de placer, de recuperar parte del gusto por la cocina a fuego lento, el gusto por el puchero, por esa mezcla de sabores que se produce de una manera especial cuando interviene en ello el barro. Y también por un gusto de disfrutar de un objeto bonito en la cocina.

Me trae recuerdos de una de esas pequeñas cosas de la vida que adoro: poder ir al pueblo en invierno y poner un caldero a la lumbre del hogar con unos cuantos ingredientes, no hay restaurante en el mundo que consiga manjares mejores que los que salen de esa magia de fuego, paciencia y barro. Adoro la buena comida casera, sobre todo la que sale de esa cocinita Soriana, me alimenta el cuerpo y el alma con solo pensar en ella :)

Pero el invierno en Soria es muy duro, y nuestra vieja casa a medio hacer no resulta nada confortable para dos sabandijillas a las que les encanta husmear, reptar y curiosear, así que ahora no vamos, y como la casa  no me la puedo traer a Madrid, me he traído esta cazuela de barro refractario con aroma a pueblo. Me gusta ver el perolon en mi cocina urbanita preparando a fuego lento lo que con amor le pidas. El barro le da un toque de sabor especial a las comidas y es encantador, ¿o no? ;)

4 comentarios:

  1. Me encanta cómo luce esa cazuela de barro en tu cocina. Y me gusta todavía más porque Pereruela está a pocos kilómetros de mis raíces: Zamora, donde yo nací y me he pasado las vacaciones de toda mi vida entre primos, abuela y tíos. ¡A disfrutar de esa magnífica cazuela!
    Un besazo.

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  2. Pues la próxima habrá que ir a buscarla al mismo Pereruela, de paso buscaremos algunas de esas raices tuyas, seguro que con unas cuantas en el guiso mejora aún más el resultado ;)
    Un besazo

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