sábado, 12 de diciembre de 2015

Retales de la mudanza

Mudarnos de casa ha sido para todos una de las mejores fuentes de estrés por la que hemos pasado juntos.

Para los bichos, especialmente para mi niño grande, sereno y consciente por naturaleza, ha supuesto casi un proceso de luto, en el que debíamos despedirnos de nuestro espacio habitual para reinventar una nueva forma de organizar nuestras cosas.... a pesar de lo paulatino del cambio y de haberles implicado en todo el proceso, de haberlo hablado y haber razonado el porqué del cambio que pensamos va a suponer una mejora, la pena  y los llantos nos han acompañado en varios momentos, aunque por supuesto no en todos.

Empezamos con una primera fase de negación absoluta, B no quería ni oír hablar de cambiar de casa y se resistía a ver opciones para el cambio... cuando visitar casas se convirtió en casi una rutina, empezaba a opinar, pero ninguna era tan interesante como "la suya". Pero poco a poco la decisión echaba raíces, mientras nuestras cosas empezaban a quedar almacenadas en caja que progresivamente iban apilándose en el salón. Los bichos comenzaron también  a empaquetar lo que consideraban no necesitarían a corto plazo.

Tener tantas cajas en casa era en sí mismo una fiesta, jugar con ellas, apilarlas, meterse dentro, rellenarlas, cerrarlas, etiquetarlas y colocarlas en forma de montaña, tenía su encanto... pero el cambio era inminente e inevitable y de cuando en cuando reaparecía la tristeza en mi niño grande.



Pequeño Dragón, en cambio lo vivió con mucha más frescura, y entre otras cosas se inventó durante unas cuantas semanas  un rincón favorito de lectura.

En los últimos meses se ha convertido en un pequeño devorador de letras, que igual recita en voz alta le carta de comidas de restaurante, que se esmera en desentrañar el significado de términos que encuentra en algunas de mis guías de campo... "¿mama que es un coleóptero?" 

Cuando la nueva casa dejó de ser un proyecto por cerrar y se convirtió en un espacio físico real, se implicaron en unos cuantas decisiones y algunos trabajos, como elegir el color de su habitación y pintarla. Para ello fuimos juntos a una pequeña tienda de pinturas del barrio que nos encanta porque el techo está pintado con cuadrados grandes con los colores que se pueden elegir. Mirando para arriba,  pasamos un rato jugando mentalmente por encima del tapiz multicolor hasta que cada uno decidió de qué color quería pintar su habitación y salieron de la tienda cada uno con su bote de pintura metido en una bolsita. Se me antoja que ese momento será uno de esos que recordarán muchos años.


Para el pequeño de casa ir de compras al gran almacén es una excusa estupenda para escribir la lista de pedidos de manera espontánea. Qué fácil resulta aprender cando la motivación es intrínseca y no impuesta.



Mi niño grande ha despuntado en el montaje de muebles. Él solito ha sido capaz de interpretar instrucciones, clasificar contenido y planificar la tarea.


Ha resulto los ensambles como un auténtico profesional



Y manejado la herramienta como si lo hubiera hecho toda la vida.



Ha sido capaz de realizar paso a paso, y sin apenas ayuda, todo el proceso.


Y de paso con la satisfacción del éxito por el  reto superado, las lágrimas de la despedida se han hecho menos amargas... aunque por mucho tiempo continuará asegurando que la otra casa el gustaba más.

2 comentarios:

  1. Ánimos con la mudanza! Parece que lo están llevando bastante bien! :)
    Muas!

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    1. Muchas Gracias Mo! Sí, lo peor ya ha pasado, aunque por mucho tiempo nos referiremos a la casa antigua como "nuestra casa" y aún queden muchas cajas por abrir y cosas en paradero desconocido, cada vez estamos más a gusto con el cambio.
      Un besote

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